Mural del Recuerdo: Recuerdos Olvidados

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Amalia esbozó una sonrisa, diminuta, imperceptible. Tan imperceptible que su rostro ni siquiera exteriorizó un guiño.

Su cabeza, algo sesgada, estribaba en unos hombros enflaquecidos y sin fuerzas. Sus manos residían alineadas lánguidamente entre sus piernas. Diariamente la sentaban allí, diariamente, los rayos del sol acariciaban su frágil y surcado cuerpo como una madre haría con su hijo.A ella le gustaba sentir su contacto, su calor, sus caricias, y sencillamente se dejaba abrazar.